17/6/12

Un deseo, nada más.

Hoy nos vi.  Nuestra alcoba estaba tenuemente iluminada, tu y yo nos veíamos con ojos de pasión desborando amor por cada uno de los poros de nuestro cuerpo. Nuestra piel enfebrecida por el deseo.

Me besaste tiernamente y acercaste tu cuerpo al mío. En un susurro contra mi oído escuche la promesa de ser el uno para el otro toda la vida. Nos amamos sin reserva ni interrupciones, mi corazón palpitaba aceleradamente y por mis venas corría la sensación de plenitud y felicidad imposible de describir.

Respiré profundo y entendí, no era real.  Di la vuelta lentamente y me encontré de cara con la soledad.

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