11/11/11

Lágrimas Retenidas Contra Su Voluntad

Hace pocos meses leí que "llorar en seco duele más, como el parto seco".  La frase me encantó y me pregunté ¿Cómo se puede llorar en seco?  Según los conocimientos generales, el llanto incluye lágrimas y las lágrimas son húmedas.  Me suena contradictorio llorar en seco.

Pero analizando lo que la autora escribió, no puedo estar más de acuerdo. Existe el llanto que se desborda cual torrente que pasa sobre la presa y se lleva consigo lo que encuentra a su paso; aunque es agua, sientes que te quema.  Tu rostro instantáneamente se torna de un color rojo y puedes sentir ese calor abrasador que te escoce los ojos.

También existe el llanto moderado, como un pequeño río que va mojando poco a poco a su paso, pero sin causar estrago alguno.  Sin importar la intensidad, el llanto nos permite desahogarnos, exteriorizar el dolor, enojo o frustración que en ese momento tenemos.

Pero existe aquel llanto al cual se le tiene prohibido ver la luz.  Es un recluso en los lagrimales y cuando no soporta el encierro, se da una escapada hacia el interior, se recicla y va de regreso a su prisión.  Ese, vaya si es doloroso. Según la autora duele como el parto seco. Aunque recientemente pasé por la experiencia del parto, fue una cesárea, para nada dolorosa y jamás sabre lo que un parto natural significa, mucho menos un parto seco.  Me quedaré con la duda, solo puedo imaginar que en intensidad gana y por mucho.

Mantener una poker face, una sonrisa constante, una plática amena y repartir felicidad por todos lados, cuando por dentro el llanto está fluyendo, es una sensación tan densa que te roba la respiración y literalmente te carcome.  Desear gritar a todo pulmón y tener que conformarse con un grito interno y en silencio. Ese grito que debe liberarte, pero contrariamente te ahoga. Acompañado de la soledad y la sombra que aunque no la invites allí está.

Cuánto daño puede crearnos el contener emociones?  No se la respuesta en realidad.  Solamente se, que llorar es tan reconfortante, tan liberador e incluso un bálsamo cicatrizante.  El fin de la lágrima es salir, con ímpetu y sin obstrucciones, dejémosla ser libre.


La frase de la historia que leí, indicaba que la protagonista lloró tanto que se quedó sin lágrimas.  Su dolor era tan intenso que al quedarse sus lagrimales sin inquilinos, no tuvo más remedio que llorar en seco. La pobre Tita, en este caso no tuvo más remedio.

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