17/8/11

El nido vacío

"HACE VARIOS AÑOS, NUESTRO HIJO MENOR, RYAN, fue a Chicago para su primer año en la universidad.  Su último día en casa estuvo lleno de la actividad bulliciosa de hacer las valijas y prepararse para una nueva vida.  De alguna manera en medio de toda la actividad, no se notaba la seriedad de la ocasión.  Pero entonces, cuando lo llevábamos en auto al aeropuerto la mañana siguiente, me di cuenta de que nuestra función de padres había terminado.  Una inesperada oleada de tristeza paso sobre mi.  Pensé que no podría soportar ver partir a Ryan.  No era que deseara retenerlo como a un niño o controlar su vida.  No, yo lamentaba el fin de una era - un tiempo precioso de mi vida en el que Ryan y su hermana Danae eran niños y sus voces resonaban en los pasillos de nuestra casa.  No pude reprimir las lágrimas al darle el abrazo de despedida en la puerta #18 del aeropuerto.
Si piensa que soy extremadamente sentimental acerca de mis hijos, no se equivoca.  Pero creo que mi experiencia animará a aquellos cuyos hijos todavía están a su lado.  Los días que les han sido dados a usted para cuidar de ellos son más breves de lo que se imagina.  Sí, es una tarea difícil y agotadora, pero le exhorto a perseverar y a concluir su labor.
A propósito, como al mes de la partida de nuestro hijo menor, el nido vacío comenzó a parecernos diferente.  La casa permanecía limpia por más tiempo, nuestra vida era definitivamente más tranquila, y mi esposa y yo teníamos más tiempo para disfrutar del compañerismo mutuo.  Vinieron a mi mente las palabras que escribió Salomón:  "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora" (Eclesiastés 3:1, VRV1602). Eso se aplica aun a la tarea de criar hijos, y para nosotros, ese tiempo ya pasó.
Pero si por casualidad usted viera a mi hijo o a mi hija, pídale que llame a casa, se lo dirá?"

EXTRACTO TOMADO TEXTUALMENTE DE:
El corazón del Hogar - Dr. James Dobson
Editorial Unilit
Página 20 - 21

Cuándo el nacimiento de un hijo nos embarga de emoción, unos días después se ve opacado por el cansancio que nos envuelve.  Noches de desvelo, lucha intensa por tratar de descifrar lo que el bebé necesita.  Enfermedades, discusiones.  Sin embargo, el tiempo pasa con tanta prisa, que sin darnos cuenta, tendremos junto a nosotros un joven con deseo de marcharse de nuestro lado, e iniciar su propia vida.

Valoremos cada minuto con nuestros hijos.  Vivamos con intensidad cada experiencia.  De esa forma, cuando el momento de la partida se acerque, si bien no podremos evitar el dolor, tendremos la satisfacción de no habernos perdido nada, hasta ese instante.

Y si por el contrario, recién nos separamos de nuestros padres, no olvidemos tomar el teléfono.  No de vez en cuando, sino con mucha frecuencia.

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