2/6/11

La experiencia, mi mejor maestra.

El consejo dominante siempre será el siguiente:  "Aprende de las experiencias ajenas, evita sufrir ciertas situaciones por ti mismo" "ahórrate la pena".  Rara vez seguimos ese curso, porque no creemos ciertas cosas hasta que lamentablemente nos toca vivirlas.

Existen, sin embargo, experiencias que tenemos que vivirlas para comprenderlas.  Resulta terriblemente necesario, incesantemente trascendental.  He aprendido a ceder el paso a un anciano, a cederle mi silla en el bus.  Me siento privilegiada en ceder mi lugar a la madre que carga en brazos a su niño. Confieso, sin embargo, que nunca pensé que una mujer embarazada necesitara de consideraciones como estas.  A la larga, no lleva un bebé en brazos.  No hay un niño gritando que acabe mi paciencia.  Su bebé está bellamente resguardado en su vientre y allí no le sucederá nada.

Durante estos meses de embarazo, pude comprobar personalmente, todas las dificultades por las que una mujer debe pasar.  Es una etapa realmente preciosa, emocionante y gratificante.  Claro, debo decir, que todo ese bello panorama se opaca cuando llegas a un banco y te toca hacer fila.  No mal entiendan mi comentario.  Sucede que con unas 30 libras de más, el estar parada en una posición similar por más de 15 minutos es realmente agotador y al regresar a casa, tus pies realmente parecen dos masas gigantescas y el dolor, que decir del dolor en pies, tobillos y piernas.

O, al tener que cruzar una calle de forma apresurada, cuando uno realmente siente que el oxígeno hace falta y el caminar una cuadra puede dejarnos sin respiración?  Aunque parezca difícil de creer, durante estos meses, nadie me cedió el puesto para acortar el tiempo en la fila de algún banco o cualquier establecimiento.  Después de haber vivido esta experiencia, concluyo que muchas mujeres durante el período de gestación no se encuentran placenteramente descansando en su casa.  Muchas son trabajadoras y continúan siéndolo hasta pocas semanas, incluso días antes del nacimiento de su bebé.  Aunque no fue mi caso, muchas de ellas se conducen en buses públicos para llegar a sus lugares de trabajo.  Que perdemos con ceder un poco y brindar cortesía a estas mujeres?

En una película, que por cierto me gusta ver una y otra vez; un personaje le dice al otro:    "Yo nunca he hecho nada heroico en mi vida"  - "Yo siempre noto que cedes el lugar en el metro" - "Si, pero eso no es heroico" - "Lo es para quien se sienta".  

Esta experiencia me ha hecho reflexionar, y estoy segura que no dudaré en ceder mi lugar, en detener mi vehículo, en ayudar a cruzar la calle, cuando algún anciano, niño, o mujer embarazada lo necesite.

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