22/6/11

Clonemos o reciclemos?

La dicha, la felicidad, la realización de nuestros sueños.  Todos vamos en búsqueda de conseguir esas cosas, momentos, experiencias que nos hagan completamente feliz.  ¿Cómo saber que hemos llegado a la plenitud de este sentimiento? ¿Existe alguna forma de medirlo?  Tal vez se necesite tanta como el tamaño de nuestro corazón.  O quizá dependa proporcionalmente de la desdicha que tengamos puesta encima.  Realmente no lo sé.  De lo que estoy segura es que no conozco a ninguna persona que haya mencionado haber llegado a la cúspide de "su felicidad" y que de forma pacífica recline su silla favorita y se siente a disfrutarlo solamente, sin hacer nada más.

¿Será posible que como humanos nunca estemos del todo satisfechos, y que una vez conseguido el sueño, inmediatamente nazca uno nuevo en nuestra cabeza?  Por otro lado, si he escuchado a muchos quejarse ante la desdicha y desgracia que rodea su entorno.  Las cuentas siempre pendientes por pagar, el amor prohibido, el trabajo que no satisface.  Metas inconclusas por factores externos, esfuerzos agotados, cansados de tanto tratar.

Para mi la dicha ha llegado, no solo una vez, sino muchas veces.  En ocasiones como pequeñas gotas que llenan un gran recipiente, otras como torrentes capaces de ahogar.  En fin, cada experiencia vivida ha sido gratificante y simplemente perfecta.  Pensar en mi familia me hace sentir dichosa. Cada día agradezco a Dios por mi esposo y ahora por mi hijo y la dicha fluye dentro de mi.  El tener vida, salud y provisión es una razón más para sentirme agradecida.

Me sentí dichosa cuando finalicé la universidad.  Claro ahora quiero estudiar una carrera distinta.  La dicha me inundó cuando formé mi hogar, me llenó nuevamente cuando nuestro primer hijo nació y por supuesto, ahora pienso que dentro de unos años tendremos un segundo bebé y nuevamente me sentiré realizada como me siento ahora.  ¿Podrán la dicha y la felicidad convertirse en un sentimiento reciclado? O mejor aún, ¿apto para la clonación? De ser así, lo tendríamos con nosotros en todo momento y lo utilizaríamos cada vez que lo consideráramos conveniente. 

Tal vez suene ilógico, pero sería realmente fantástico.  Tomar los momentos de felicidad y traerlos a nuestra mente cada vez que algo no deseado nos llega.  Algo similar al encantamiento Patronus de Harry Potter.  Bien, tal vez no tenga nada de mágico.  Si solamente lo reciclamos o clonamos por medio de nuestros pensamientos, podríamos hacer una contra parte a los momentos trágicos, tristes o indeseados.  Tal vez no lleguemos a un balance total, un 50-50, pero seguramente los momentos de dicha opacarán por mucho a los que no lo son y disminuirán así su peso sobre nosotros.

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