30/5/11

El peso de los secretos

Los secretos han perdido su esencia.  Ahora vuelan como frases que lleva el viento y solamente les queda el nombre.  La mayoría de ellos están esparcidos por comunidades completas; y a otros se les ha atribuido el nombre de "secreto a voces", definiendo perfectamente su estado.

Sin embargo, existen secretos que se mantienen inmaculados.  Guardados urañamente en el recuerdo de su dueño. Enraizados en el corazón de su principal protagonista.  Aunque algunos pueden ser excelentes recuerdos para compartirlos solo con nosotros mismos, como una cinta dentro de nuestra memoria y atraer sonrisas solitarias, otros, sin embargo, pueden causar mucho dolor.

Y es que existen actos realizados en la intimidad, en la obscuridad, que ocultamos de tal forma y guardamos en nuestro recuerdo únicamente.  El peso de esos secretos, puede realmente ser agotador y aplastarnos de tal forma que la única solución es confesarlos.  

Muchos son guardados con tanta habilidad, porque exponerlos arrastraría con ellos seres queridos. Y expresar que les hemos mentido o que les hemos hecho daño, puede derribar nuestras murallas, nuestros aposentos, toda nuestra seguridad e imagen.  Pensé en esto, recordando la historia del tan reconocido Rey David, quien en lo secreto cometió adulterio con Betzabé y luego en afán de mantenerlo oculto, construyó toda una trama de mentiras con las que solo logró hundirse más y hacer daño a más personas.

En la intimidad y en lo secreto.  Aún así Dios envía un mensajero y le hace reconocer que El lo ha visto todo, porque nada hay oculto ante sus ojos.  En el libro de los Salmos, David relata que mientras sus actos permanecieron en secreto, él sintió envejecerse, sintió que se consumía.  Porque sus actos le carcomían y no fue libre, sino hasta que confesó.  Claro que la confesión no lo libró de recibir las consecuencias de su pecado.  Jamás se apartó la espada de su casa, y durante todos los años que le restaron de vida, pagó por lo que había hecho.

La confesión es la salida para no morirte por dentro, pero aún mejor sería, el recapacitar antes de llevar a cabo acciones que nos dañarán y aún más cuando éstas acciones dañaran la vida de quienes nos rodean.

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