19/5/11

Amor duro

Este pequeño relato, fue tomado literalmente del libro:  Bendiciones para las madres.  Amor duro, por Janice Alonso.  Páginas 51 - 53 

Como mamá, siempre me fue fácil ser cariñosa.  Me era más difícil ser dura. Era incluso más difícil cuando mis dos hijos llegaron a sus años de adolescentes.  Amar a un adolescente significa que en ocasiones hay que decirle lo que no quiere escuchar: no.  Me averguenza admitir que había veces en que solo el hecho de estar en la misma habitación con mis hijos adolescentes hacía que sintiera un nudo en el estómago.  No era que fueran hijos malos, yo los amaba más que a la vida misma.  ERa solo que las luchas de todos los días me agotaban:  esta fiesta del sábado por la noche, esa ropa, esos amigos.  Mi esposo viajaba de lunes a viernes, dejándome sola en contra de los dos chicos.  Algunos días me sentía como si estuviera montada sobre un potro salvaje que corcovea.

La hora de entrada era el mayor problema en nuestra casa y una fuente regular de enfrentamientos.  Mis reglas para volver a casa tenían dos partes:  Quería saber a dónde iba cada hijo y cuándo regresaría a casa.  Incluso durante su último año en el instituto, establecía las restricciones. 

Su desfile de reclamos nunca terminaba.  La hora asignada era demasiado temprano.  Por qué no podían ir a fiestas sin supervisión de un adulto?  Nadie más tenía todas estas reglas tontas.  No se divertían en lo absoluto.

Por supuesto, yo tampoco pasaba el mejor tiempo de mi vida.  Por la forma en que me miraban, parecería que yo era la domadora de leones de un circo, empuñando un látigo en una mano y una silla en la otra, derribando cualquier oportunidad de libertad que pudieran soñar estos dos cachorros.

Aunque era estricta, no pensaba que era irrazonable.  Hacía excepciones cuando lo creía conveniente: bailes especiales, juegos de pelota en otros lugares lejanos, cumpleaños.  Aunque mis hijos no lo creyeran, les explicaba cómo fui adolescente una vez y sabía lo que era querer pasarlo bien.  Cierto día, en lo que supongo fue un esfuerzo final para convencerlos de que una vez fui divertida, saqué mi anuario del instituto y los puse a leer todas las cosas bonitas que escribieron mis amigos sobre mi.

Lo ven?, les dije. "Este dice que soy dulce y que es emocionante estar conmigo". Abrieron los ojos y cruzaron miradas de complicidad.  Aunque hacía muchos esfuerzos para ser una madre exigente y cariñosa, cometía errores, a veces siendo demasiado blanda y otras veces demasiado severa. Todas las noches y sin cesar durante todo el día, oraba pidiendo la dirección de Dios y para que dijera más "si" para que mis hijos vieran que quería que estuvieran contentos.

Sobrevivimos los años de la adolescencia. Mis hijos ahora son jóvenes adultos, el mayor ya se casó, pero todavía no es padre.  Siempre fue el que más se expresaba y el que más se resistía a las reglas de la casa, pero cuando estaba en la escuela de leyes, me dio una tarjeta por el Dia de las Madres que siempre significará mucho para mi.  Debajo del versículo impreso que tiene adentro, solo escribió:  "Gracias por tener la fuerza para decir no cuando decir sí habría sido mucho más fácil".

Creo que ser cariñosa y ser exigente, después de todo, no son tan diferentes.  A veces el amor significa decir que no.  Y sé que soy más que bendecida por tener dos hijos que reconocen mis "no" por lo que eran: amor duro.

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