21/2/11

Un temor que sobrepasa lo tangible.

Jamás he negado el temor que siento al dolor físico, sobre todo aquel por el que no puedes hacer nada para aminorarlo o eliminarlo por completo. Es un temor que no logro comprender del todo, pero que indistintamente existe y constantemente lo recuerdo.

Hace un año, con mi esposo tomamos la decisión de buscar el embarazo de nuestro primer bebé, me emocioné increíblemente, pero no pude evitar ese vacío que inunda el estómago, representando al temor que corre por nuestro sistema, porque estaba consciente que junto al embarazo vendría el parto y con éste, el dolor particular de dar a luz un bebé. El embarazo es un hecho, tengo casi seis meses y esperamos a Diego Esteban a principios de junio del 2011; cada día se acerca más este momento al que tanto miedo he tenido desde que tengo conciencia que como mujer y ahora como esposa, puedo ser madre.

Hace unos días, me uní a un grupo de estudio al que asisten en su mayoría mujeres con varios hijos, incluso hijos adultos y ha sido una bendición compartir con ellas, escuchar sus consejos sabios que solamente la experiencia pudo darles. El tema de estudio de la semana pasada, heló mi piel; la historia bíblica de Sansón, un hombre con un propósito definido por Dios aún antes de nacer y con un trato especial aún estando en el vientre de su madre. Este hombre estaba destinado a ser grande, importante y quien iniciaría la liberación de todo un pueblo; sin embargo, en el camino perdió su objetivo y volteó totalmente su rumbo. Lo peor de esta historia, es que los padres, quienes obedecieron desde el inicio el mandato de Dios, se vieron manipulados por su hijo e hicieron lo que él deseaba. Esta decisión trascendental, trajo consigo la ruina de Sansón, no solo perdió su fuerza sino que fue burla de sus opresores y luego murió.

Hoy, sigo temiendo al dolor, pero existe un temor mayor que viene después del parto. Ser padre es una responsabilidad que trasciende los aspectos económicos, incluso va más allá del amor común, lo sobrepasa. Está en nuestras manos el instruir, el amar, ayudar, sostener, mimar y a la vez ser rígidos cuando la circunstancia lo amerita. Saber decir NO cuando esta negativa salvará a nuestro hijo y lo llevará por un mejor camino; aunque esto represente molestia y enojo, el amor muchas veces viene disfrazado de negación.

Cual es mi mayor temor ahora? Bajo mi responsabilidad estará la vida de Diego Esteban y las decisiones que él tome. Deseo ser una madre amorosa sin dejar pasar todo lo que viene; ser atenta y ayudar, sin propiciar la complacencia; instruir y dirigir, sin convertirme en verdugo. Mantener firme mis convicciones y pelear por ellas, sin perder la sensibilidad en mi corazón y capacidad para perdonar y brindar toda mi ayuda y esfuerzo hacia segundas oportunidades; si Dios siendo El las brinda, porque yo no?

Una madre decía en este estudio: "Yo inicié mi rol como madre pensando en que no cometería los mismos errores que mis padres cometieron conmigo y fui una madre perfecta, pero en mi perfección, mis hijos se perdieron y tuve que llorar esa pérdida". Con este testimonio entendí que mi "perfección" no interesa, porque es una perfección vana, no importa cuanto me esfuerce, cuanto me instruya, cuanta dedicación brinde, sino es tomada de la mano de Dios, con la ayuda de su inconfundible sabiduría y con su guianza perfecta, todo será en vano.

Este es mi nuevo temor, y desde ya lo entrego a Dios. Ruego por mi vida y mi ejemplo como mujer, como esposa, como persona, como madre . . . porque sus pequeños ojos me verán y querrán imitarme y mi ruego es que cada día, yo, pueda reflejar más a Dios, para que mi hijo lo imite a él por medio de mi. En ese momento mi papel como madre estará completo y será bendito.

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