8/10/10

Confesiones de una noctámbula


Solitaria le llamaban, solitaria le decían, deambulaba por el pueblo mientras el resto, plácidamente dormía. A la luz de una vela, en silencio apremiante se encontraba, nadie más la acompañaba, solo el silencio y la calma del momento.

Nunca conoció otra historia, que aquella que la soledad le contaba en sus momentos, solas. De luz de vela, cambió a lámpara, y la soledad ya no venía con frecuencia. Noche tras noche el silencio cambiaba, algunas veces sordo, otras veces ruidoso, otras cuantas como un eco retumbante.

Décadas y siglos han pasado, y nada ha vuelto a ser como antes. La soledad es diferente, ahora es transparente. El silencio es muy tenue, el ruido gana siempre la partida. Aunque sola en un espacio me encuentro, comparto con miles de personas. Algunas lejos, otras cerca, pero reunidos en un mismo sitio.

Jamás estaré sola, siendo de día, siendo de noche. Muchos adoptan el mismo ritmo de vida, el mundo gira y gira sin detenerse y para seguir con su funcionamiento, turnamos nuestro sueño. Para algunos el día acaba, para otros es simplemente el amanecer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario