20/9/10

Sonreír es un don


Este gesto que aparenta pertenecer a otro siglo, conlleva un significado aún más grande que la unión de los músculos y su movimiento hasta llegar a convertirse en una sonrisa. Un sencillo gesto puede alegrar un corazón herido, detener el llanto desbordante de un niño, provocar el confort de un desconocido, dar la bienvenida a quien se siente rechazado, o abonar la confianza del recién llegado.

La sonrisa es un regalo para quien la recibe, pero es un don provisto a quien la brinda. La disposición a sonreir no está presente todos los días, ni siquiera en los momentos que se necesita. En un país en el que las malas noticias se encuentran a la orden del día, donde el temor atraviesa las puertas de nuestra casa, los conflictos y frustraciones nos asechan; es casi un milagro lograr sonreir e irradiar felicidad.

Muchas veces he sonreído, escondiendo tras esa sonrisa, un llanto que fue detenido en la cúspide de mi garganta. He reído, sintiendo en el pecho una fuerte opresión y lágrimas a punto de desbordarse por mis ojos. He provisto una sonrisa, aún en medio del dolor que provoca la pérdida o el fracaso.

No se trata de hipocresía o manipulación; sino el hecho de buscar la felicidad de otros, sobre mi propia angustia. Sonrío en medio del dolor, porque quien recibe mi sonrisa, ha sufrido una pérdida mayor y necesita un aliento. He reído en medio del fracaso, porque mi compañero se siente solitario y el sonido que emito al reir, llena el vacío de su corazón y le hace sentir plenitud nuevamente. Sonrío, en medio del desaliento, porque mi interlocutor se siente perdido y necesita mi apoyo.

Sonrío porque en ese preciso instante, mi regalo era un tesoro preciado para quien lo recibió. Personas que necesitaban mi mano y mi ayuda. Yo sé que adoro a un Dios supremo, y que ningún problema ni situación es mayor que El; esa confianza plena me permite sonreír en esos momentos y considerar mi necesidad menor, menos importante.

Lloro cuando realmente lo necesito y encuentro ese hombro sobre el cual recostarme y desbordar todos mis sentimientos. Lloro cuando estoy con ese amigo que teniendo sus propios problemas, brinda una sonrisa de apoyo hacia mi; haciendo de menos sus necesidades y sobreponiendo las mías. Y esa sonrisa se convierte en mi regalo preciado.

Sonreir es un don. No todos podemos hacerlo; pero quienes lo poseemos recordemos lo siguiente: Los dones fueron dados para bendecir a otros.

Sonrío porque bendigo con este acto. Sonrío porque mi gesto siembra esperanza y consuelo. Sonrío porque fue un don recibido para ser utilizado; jamás pensado para esconderse, sino para esparcirlo a todos.

Sonríe...bendice! Alguien lo hará contigo cuando más lo necesites.

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