25/3/10

LOS PUENTES DE MADISON

Esta novela literaria tan bien conocida, ya sea por el libro en si, o su adaptación cinematográfica; es una historia que nos brinda una magnífica enseñanza. Para muchos, creo en su mayoría hombres, no les parecerá muy graciosa la historia, debido al trama que la envuelve, sin embargo, podemos intentar hacer un cambio de papeles para comprender la complejidad de todo el panorama.

El matrimonio es una etapa increíble en la vida del ser humano, si es encaminada de la forma correcta, pero puede convertirse en una carga agotadora que debemos arrastrar día a día si no sabemos hacerlo.

En este libro conocemos la vida de una mujer casada, con dos hijos, pero interiormente solitaria. Los días de su juventud han pasado, sus hijos crecido, ahora tienen muchos intereses propios y ninguno de ellos incluye a sus padres. El esposo, por su lado, se afana en el trabajo diario y en el sostén económico de su familia. Una escena que atrae mi atención, es aquella en la que los cuatro integrantes de la familia se sientan a la mesa, comen, pero ninguno se comunica. A lo largo de la historia, no presenciamos ningún tipo de afecto entre ellos; más que una familia, dan la impresión de cuatro desconocidos hospedados en el mismo hotel.

No creo, que sea correcto, caer en el engaño que esta mujer cae, debido a que no obtiene en su hogar lo que sentimentalmente necesita, bajo ninguna circunstancia estoy de acuerdo con esto. A pesar de ello, creo comprender las razones que la empujan a establecerse en esta situación.

Y sucede que como seres humanos, necesitamos de la cercanía, el compañerismo, amor y cariño de las personas que nos rodean. Cuando un matrimonio inicia, prometemos amarnos, apoyarnos, respetarnos y estar en unidad y fidelidad durante toda la vida, pero después de cierto tiempo, pareciera que tendemos a olvidar las promesas hechas y los pequeños detalles que anteriormente nos unían a nuestra pareja, ahora parecieran ser actividades que nos quitan tiempo y que podemos invertir en algo más. Es muy difícil mantener la unidad en pareja y hacer crecer el amor que ya existe entre ambos, pero tan fácil y menos complicado el olvidarnos de cuidar todo lo que significa dicha relación.

Y debido a que el matrimonio incluye a dos personas, es un trabajo en equipo y bilateral. No importa cuan grandiosa económicamente sea nuestra vida, si perdemos el toque especial que nos unió durante nuestro noviazgo, si nos volvemos perezosos de cultivar nuestra relación, o consideramos que el hecho de vivir juntos llena el espacio de cercanía en la relación; probablemente veremos dentro de poco una relación en ruinas. Cultiva el amor y esfuérzate por tu pareja, cierra todas las puertas que le lleven a la tentación y guarda de esa forma su camino, sus pensamientos y corazón. La biblia es clara al reclamar a aquellos que "han servido como piedra de tropiezo", no lo seamos para la persona que amamos y junto a quien dormimos todas las noches. Recordemos, que los hijos crecerán y se irán, tal como nosotros lo hicimos una vez, pero nuestra pareja estará con nosotros durante toda la vida y el reconstruir, cuidar y cultivar con este fin vale la pena todo el esfuerzo y más que una carga es una reconfortante recompensa.

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