22/7/09

El deseo de nuestro corazón contra la realidad de nuestras acciones


Estoy leyendo un libro muy interesante que me ha llevado a reflexionar sobre las acciones de todos como seres humanos pero definitivamente en las personales. Leí un extracto maravilloso sobre una historia de amor, pero no cualquier amor, un amor muy sabio y que no nació de la noche a la mañana, sino que fue cultivado durante dos años para poder florecer de forma gloriosa e intensa. Es la historia de John Blanchard y Hollys Maynell: "El es un soldado que llega a conocerla por las anotaciones que ella hace en un libro que le perteneció y que luego él encuentra en una biblioteca, luego de investigar su dirección, logra contactarla por medio de una carta; sin embargo, al día siguiente es enviado a la guerra y mantienen este contacto por dos años, sin conocerse. El le pide una fotografía y ella se niega, piensa que si él la conoce, este sería un factor que dañaria cualquier decisión que él tomara, además para una amistad, no es necesario conocerse físicamente. Cuando regresa de la guerra, acuerdan conocerse, la señal: ella llevará una rosa roja en la solapa. Y alli se encuentra él, a la hora indicada y ve derrepente pasar a una hermosa mujer, con un elegante traje verde, encantadora figura, pero claro, sin la rosa roja en la solapa y por un momento se olvida de eso porque de hecho ella le susurra cuando pasa a su lado y siente ese deseo casi incontrolable de seguirla, cuando derrepente ve practicamente detrás de esta hermosa mujer... a la mujer con la rosa roja en la solapa. Una mujer de unos cuarenta años, canosa, regordeta, con un traje para nada elegante... pero con la rosa en la solapa.
Se detiene y siente la necesidad de ir tras la preciosa mujer,se encuentra en ese momento dividido por dos fuertes deseos, pero se detiene, recordando que está en ese lugar por la persona con la rosa roja en la solapa, cuyo rostro no conoce, pero cuyo corazón lo ha cautivado durante estos años. Un tanto desilusionado, se aproxima a ella, y piensa, definitivamente no será amor, pero será algo mejo que eso, una amistad por la cual estaré agradecido por el resto de mi vida. Se acerca a la mujer y se presenta con una sonrisa, y añade "me permitiría llevarla a cenar"; derrepente la mujer dibuja una gran sonrisa en su rostro y le dice "joven, no se de que se trata esto, pero la mujer con el traje verde que acaba de pasar, me rogó que utilizara esta rosa roja en la solapa y que si usted me invitaba a cenar, le dijera que ella está esperándolo en el restaurante que se encuentra cruzando la calle". Más que una historia de amor, me hace pensar, en cuanto tiempo podemos invertir en esos sueños y deseos tan profundos en nuestro corazón. Esos anhelos que sin fin de lucro o intereses personales infundados, han crecido y han sido alimentados con tanto aínco, y derrepente alguna distracción frívola y pasajera nos han hecho olvidarlos en cuestión de segundos. Cuantas noches de desvelo, hemos invertido en imaginar como será fundar esa organización que brindará ayuda a los necesitados, o ese centro de rehabilitación en donde podremos compartir más que cursos o ideologías a quienes estén alli, sino compartir el verdadero amor de Dios y demostrarlo a estas personas que no han logrado encontrar su lugar en la vida, en la sociedad, en su propia familia. Cuantos jóvenes se han imaginado prestando atención médica a quienes lo necesitan, ayuda legal en casos que lo ameriten, brindando servicios honrados y honestos a nuestra sociedad, pero un día se distraen por intereses frívolos que cautivan en ese momento su atención y tiran todo lo demás a la borda. Es en esos momentos, cuando olvidamos el juramento que hacemos de servir a nuestra sociedad, ese juramento que debemos hacer, para poder recibir ese documento que nos ampara como un profesional. John Blanchard pudo seguir a la mujer maravillosa con el traje verde, pero hubiera perdido al amor de su vida, hubiera perdido la oportunidad de conocer a la mujer que durante dos años... carta con carta había llegado a cautivar su corazón sin siquiera tener idea de su rostro. Tomó la decisión correcta y aún en contra de su deseo, buscó a la mujer con la rosa roja en la solapa... y ganó lo que durante todo ese tiempo soñó. Permanecer enfocados en la visión que nos ha cautivado durante mucho tiempo puede ser difícil y parecer irónico; pero en cualquier sociedad y bajo cualquier circunstancia, ningún logro puede llegar a ser tan satisfactorio como aquel que se ganó jugando hasta el final. Sin trampas, sin desvíos, solamente enfocados en ese deseo ardiente que continúa en nuestros corazones y al cual hemos dedicado todas nuestras fuerzas.

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