10/2/17

Culturas fascinantes, lecturas que enamoran.

Existen lecturas fascinantes, que te atrapan desde sus primeras páginas y te bebes cada una de sus oraciones.  He finalizado este libro que tenía pendiente un tiempo atrás.  Cada que veía su grosor cuando pasaba por una librería, me sentía un poco intimidada, aún así, cada página ha valido la pena.

De un tiempo acá, me he sentido inclinada a conocer la cultura japonesa.  Me da la impresión de ser fascinante, colorida y oscura a la vez. Costumbres que permanecen a pesar del tiempo y que atraen los ojos del mundo sobre ellos. Principalmente admiro ese sentido de honor y respeto.

Lloré la crueldad de hombres negociando el futuro de niñas inocentes, separadas de sus familias para vivir mejor; el castigo físico como método de sanción ante la desobediencia, el ser tratado como un objeto al que se puede desechar si no existe una recompensa económica, una vida muy parecida a la esclavitud. Mujeres totalmente dependientes de hombres o de su ama en la okiya.

Amé imaginarme el proceso para convertirse en geisha, el colorido de sus trajes, la intensidad de esa mirada que provoca la atención y perturbación de los hombres, la persona real escondida tras el maquillaje, el significado de sus trazos y de sus distintos peinados.  

Investigué términos, conocí sobre su indumentaria. Me sorprendió saber que los hombres pueden sentirse extasiados con ver un poco de piel de esa mujer que los entretiene, la poca que queda al descubierto tras esa capa de maquillaje y esos fabulosos quimonos.

Me dolió que la virginidad de una geisha tenga un costo y su cuerpo intacto sea vendido al mejor postor, que no pueda negarse y no tenga ningún derecho sobre su vida ni sus sentimientos y me sorprendió aún más que las esposas se sientan honradas al saber que su esposo tiene por amante a una de estas enigmáticas mujeres.

Son pocas las lecturas que me atrevo recomendar, ésta es una de ellas.  Un libro que seguramente leeré otra vez y que me ha permitido sentirme como una observadora distante de esta cultura fascinante, una vida llena de drama y un sin fin de costumbres. Agradecida además, siendo mujer, de poder conocerla desde un sitio privilegiado. Comprendí que ser geisha es un alto honor, que se gana con mucho trabajo y a un costo altamente caro.

17/8/16

Extraño ser Lucía

Hace unos días estuve en la reunión mensual del Colectivo Eva. Tuvimos la presencia de la escritora Vania Vargas; fue grandioso conocerla. Leímos su más reciente libro: Después del fin. En uno de sus cuentos, el personaje decidía "que mujer" deseaba representar ese día y lo hacía. Ese día decidió ser Lucía.
No pude evitar pensar en mi actual situación: Ama de casa y mamá el 100% del tiempo, y esto, porque sencillamente no me queda tiempo para nada más y la mayor parte del tiempo me siento exhausta. No me he atrevido a decir esto antes: Me extraño.
Sí, me extraño. He evitado hacerlo, no sé bien porqué. Tal vez tengo temor a ser juzgada, o dar la impresión de no amar a mis hijos lo suficiente (lo que es totalmente erróneo porque los adoro), quiero evitar las interrogantes. Tampoco me siento desperdiciada al estar en esas cuatro paredes que llamo hogar. Mis hijos están pequeños y en este momento necesitan de mi a tiempo completo, sobre todo JJ que solo tiene tres meses. Tengo en mis manos un trabajo maravilloso.
Pero esa es la verdad: me extraño. Extraño a la mujer que puede disponer de su tiempo, a la que puede irse a un café y leer durante horas. Extraño sentarme en el estudio y escribir, escribir y escribir sin ser interrumpida una y otra vez. Extraño poder salir de cita con mi esposo, solos él y yo. Hace tres meses que no lo hacemos. Extraño el vino, sueño con el vino. Extraño quedarme en la cama hasta tarde.
Amo mi vida, amo la mujer que soy y el momento en el que me encuentro. Aún así, a veces extraño ser Lucía.

Escrito para: Colectivo Eva
http://eva.grupoartegnos.com/blog/category/habitacion_propia/